Escenarios interrelacionados en la quebrada del Toro

Revisión académica: María Eugenia De Feo

Paraje Las Cuevas, en la quebrada del Toro, Salta.

En el noroeste del territorio argentino, los cordones montañosos de la cordillera Oriental de la Puna forman estrechas y pronunciadas quebradas, valles angostos recorridos por cursos de agua permanentes o temporarios. Esas quebradas funcionan como corredores naturales que comunican la Puna con los valles bajos.

La quebrada del Toro se extiende a lo largo de unos 100 kilómetros y tiene una orientación general noroeste-sudeste. Está recorrida por el río Toro o Rosario, cuyos afluentes descienden por quebradas menores, como las de Tres Cruces, Punta Ciénaga y Las Cuevas. En esta zona de clima árido, los fondos de los valles proporcionaron para sus antiguos habitantes zonas aptas para la agricultura y áreas con pastos para alimentar el ganado, que también aprovechaba las vegas ubicadas en las zonas más altas.

Los primeros trabajos arqueológicos

Hacia fines de la década de 1960 se iniciaron los trabajos que procuraban estudiar las primeras sociedades aldeanas de la zona. El equipo de arqueología halló restos de varias aldeas ubicadas en las cercanías de los cursos de agua permanente, y por las evidencias encontradas propusieron que se trataba de lugares de residencia y de producción: allí la gente vivía y cultivaba la tierra y criaba sus animales. Al parecer, estas aldeas podían sustentarse con los recursos locales.

Ya en este siglo, nuevos trabajos mostraron que el panorama era mucho más complejo de lo que se pensaba.

Una gran diversidad de sitios

Las nuevas investigaciones arqueológicas hallaron en la zona de la quebrada del Toro distintos sitios pertenecientes a sociedades aldeanas que vivieron entre 2800 y 1400 años antes del presente. Las Cuevas V y Tres Cruces II corresponden a antiguas aldeas. Otros parecen tener funciones diferentes.

Sitios arqueológicos pertenecientes a sociedades aldeanas en el área de la quebrada del Toro. Las Cuevas I, Las Cuevas V, La Mina, La Encrucijada, Cerro El Dique y Potrero Grande eran antiguas aldeas.

Las aldeas

Las Cuevas V está ubicado a unos 3300 metros sobre el nivel del mar, en un sector con buenos suelos, apenas por encima del fondo de la quebrada del mismo nombre, cerca del curso de agua. Allí, en una superficie de 1,3 hectáreas se hallaron 34 construcciones de piedra, la mayoría de forma circular.

Plano del sitio Las Cuevas V. Sombreada en gris la estructura 1 (LCV Est 1) y estructura 2 (LCV C2).

La estructura 1, de unos 9 metros de diámetro, tiene paredes dobles de piedra. Cuenta con un solo acceso, con un escalón, y tiene adosada la pequeña estructura 2. En la estructura 1 hay cuatro pozos donde, seguramente, se alzaban los postes que sostenían el techo y en donde se han encontrado restos de madera de cardón. También se han hallado indicios de la existencia de fogones. Esta estructura es la que concentró la mayor cantidad de restos materiales de tipo cultural; en este caso, artefactos o fragmentos de artefactos de cerámica y de piedra.

La estructura 2 es más pequeña, de unos 4 metros de diámetro. No tiene pozos ni accesos. En ella se han hallado los restos de un fogón y un sector donde, a lo largo del tiempo, se fueron descartando desechos, como huesos de llama, fragmentos de  piedra y tiestos de vasijas cerámicas, cenizas y carbones del fogón.

Fotografías de las excavaciones de las estructuras 1 (arriba) y 2 (abajo) del sitio Las Cuevas V.

Entre los restos materiales hallados en Las Cuevas V se encuentran fragmentos de piezas de cerámica −jarras, ollas, vasos− algunas con la superficie sin pulir, y otras, la mayoría, con la superficie pulida o con diseños incisos o grabados. En la estructura 1 también se hallaron restos de arcilla cruda y pigmentos de color rojo que se piensa fueron parte de la producción cerámica.

Vasijas de cerámica remontadas parcialmente a partir de los fragmentos hallados en el sitio Las Cuevas V. La escala, de diez centímetros de largo, sirve para que al observar la foto se puedan conocer las medidas reales del objeto fotografiado.

En el sitio se encontraron muchas piedras talladas, sobre todo, puntas de proyectiles. La roca más representativa es la obsidiana, procedente de tres fuentes: Zapaleri, en el límite actual entre Bolivia, Chile y la Argentina; Tocomar, en la Puna salteña, y Laguna Cavi, cerca de Antofagasta de la Sierra, en la Puna catamarqueña. Los otros materiales hallados son en su gran mayoría locales. En el interior de las estructuras 1 y 2 también se hallaron instrumentos de piedra para la molienda de granos: manos y morteros de granito.

En cuanto a los restos de animales, la mitad de ellos resultó ser de camélidos. Hay algo especialmente interesante en esos hallazgos: los restos de animales no tienen señales de haber sido asados (quizá hayan sido hervidos), pero sí hay evidencias claras de que se usó la deshidratación (el charqueado) para preservar la carne.

El sitio Tres Cruces II está emplazado al lado de una amplia vega, sobre un extenso depósito de sedimentos arrastrados hasta allí por los torrentes que bajan de la montaña. Esto hace que los suelos sean sumamente aptos para la agricultura y la cría de animales. Este sitio, cuyo estudio ha comenzado hace poco tiempo, tiene rasgos similares al de Las Cuevas V.

Los sitios a cielo abierto

Además de las dos aldeas, que se suman a los sitios estudiados desde fines de la década de 1960, se encontraron en la zona diversos yacimientos sin estructuras techadas.

Taller lítico. El sitio Picadero Las Cuevas es un reparo de piedras de forma irregular que permite protegerse del viento, que corre muy fuerte en esa zona. Se han hallado allí piezas medianas a grandes de basalto, y piezas pequeñas de obsidiana, lo que permite inferir que fue un taller lítico, donde se trabajaba la piedra para fabricar distintos instrumentos. También pudo haber servido para ocultarse de los guanacos durante la actividad de caza.

Puestos de pastoreo. Es probable que el sitio Corte Blanco y quizá también el sitio La Elvira hayan sido puestos de pastoreo. Están ubicados en áreas de estepas, con suelos con buenas pasturas para el ganado, pero no aptos para la agricultura debido a la falta de agua. Para encontrar buenos suelos no hace falta alejarse mucho de Corte Blanco: a poco más de 15 minutos de marcha está el fondo del valle, desde el que se accede a una pequeña vega y, pasando esta, a través de un abra, a otras vegas más grandes. El tiempo dedicado a construir las estructuras del sitio Corte Blanco indica que las ocupaciones no fueron efímeras y que, además, fueron reiteradas en el tiempo.

Vista del sitio de Corte Blanco y detalles de una estructura.

A diferencia de lo que sucede en Corte Blanco, en el sitio La Elvira hay una estructura precaria, y los pocos restos de cerámica y de instrumentos de piedra hallados en sus alrededores estarían indicando que estuvo ocupado durante poco tiempo.

Sitios con arte rupestre. La Damiana I, II y III, La Ollada y Salamina son sitios sin recintos y donde se han encontrado manifestaciones de arte rupestre. La Damiana I, II y III están ubicados en la ladera noreste del nevado de Acay, una zona con dos cursos de agua permanentes y donde hay importantes humedales. Los pastos de esta zona eran aprovechados hasta hace pocas décadas atrás por las caravanas que llevaban ganado en pie hasta el norte de Chile. En la actualidad, es un área donde circula la hacienda cuando se la conduce a los puestos invernales de las quebradas y vegas de altura del Acay. La Ollada y Salamina se encuentran más al norte, muy cerca de las lagunas del río Toro.

En todos estos sitios se han hallado grabados rupestres. Los motivos son variados: algunos muestran imágenes que representan personas, de manera estilizada, es decir, con pocos detalles y con formas más bien alargadas; otros son figuras de animales; otros son figuras que combinan rasgos humanos con animales. También hay motivos abstractos: conjuntos de puntos agrupados, circunferencias o círculos aislados, círculos concéntricos −a veces con un punto interior−, líneas onduladas cerradas o abiertas, etcétera.

En el sitio La Damiana I varios bloques con grabados (marcados con flechas) están alineados en forma paralela al curso de agua.

Figura humana compuesta con formas geométricas en La Damiana I.

Algunos motivos representan máscaras, en lugar de rostros o cuerpos completos.

Los camélidos son los motivos figurativos más representados. Se los puede encontrar con dos cabezas, con abdómenes abultados o acompañados de sus crías ubicadas por debajo; aislados, en hileras o pequeños grupos y, en algunos casos, precedidos por figuras humanas.

Cuando se estudian las pinturas o los grabados rupestres, se presta especial atención a su visibilidad y a su ubicación. En todos estos casos, los bloques con grabados son bien visibles, y una vez que se ha accedido a uno de ellos se puede organizar un recorrido, ya que desde ese lugar se puede distinguir el siguiente. Otro rasgo común es que se encuentran en áreas muy productivas para la práctica del pastoreo o de la caza −con disponibilidad de agua y pastizales− o en espacios de tránsito que conducen hacia ellas. Esto sugiere que las imágenes rupestres estaban señalando espacios muy importantes para los grupos humanos que las crearon.

Alero rocoso. Otro de los sitios relevados en el área de la quebrada es un reparo rocoso, el alero El Dique. No hay en él ninguna estructura, pero sí evidencias de que allí se tallaron instrumentos de piedra.

Una vista del alero El Dique.

Instrumentos de piedra recogidos en el alero El Dique.

El paisaje de la quebrada entre 1400 y 2800 años atrás

Las Cuevas V y Tres Cruces II guardan semejanzas con otros sitios de la zona estudiados a partir de fines de la década de 1960. Todos ellos son sitios aldeanos, con construcciones realizadas con materiales y técnicas similares. Están ubicados apenas sobre el fondo de valles o quebradas, muy cerca de los cursos de agua y tienen suelos aptos para las actividades agrícolas y ganaderas. Los artefactos encontrados en ellos también son similares.

En las investigaciones más recientes se relevaron también sitios con otras características: no son aldeas y algunos de ellos no presentan ninguna estructura o muestran signos de una ocupación esporádica. Sin embargo, comparten con los sitios aldeanos la presencia de fragmentos de cerámica y materiales líticos semejantes, lo que indicaría que son contemporáneos. Teniendo en cuenta esto, ¿podría pensarse que todos estos sitios estaban relacionados de algún modo?

Una posibilidad podría ser la siguiente: estas sociedades tenían aldeas donde las personas vivían de manera permanente; desde allí, grupos de pobladores se desplazaban a sitios donde había recursos que no existían o eran escasos en sus lugares de origen.

En Corte Blanco, por ejemplo, se han encontrado pocos restos materiales, lo que permite conjeturar que el sitio no fue utilizado de manera permanente. Pero a su vez, el tiempo que debió emplearse en su construcción sugiere que fue pensado para un uso recurrente. Es probable que fuera utilizado para actividades de pastoreo del ganado, aprovechando los pastos de la vega cercana. Otro elemento para adjudicar esta función a Corte Blanco es que en sus cercanías se han encontrado sitios con arte rupestre. Los investigadores que estudiaron esos sitios los asociaron a actividades de pastoreo, ya que están en zonas de pastizales y las representaciones de camélidos son los motivos predominantes de los grabados.

El alero El Dique tampoco parece ser un sitio de ocupación permanente: está lejos de los cursos de agua, el alero no ofrece mucho reparo y no se han encontrado en la zona estructuras arquitectónicas. En función de los materiales líticos hallados en el sitio y a la existencia en las cercanías de concentraciones de basalto, la misma roca con que fueron tallados esos instrumentos, parece probable que el sitio funcionara como un taller de aprovisionamiento y talla de instrumentos.

Hay otras evidencias de que en estas comunidades la vida cotidiana no estaba limitada a la aldea. En Las Cuevas V, por ejemplo, se han encontrado restos de aves propias de ambientes lacustres que fueron consumidas como alimento. Las lagunas que pueden albergar este tipo de aves se encuentran a más de 45 kilómetros de distancia: son las lagunas del Toro, o las que están en las quebradas altas del nevado de Acay. Algunos grabados rupestres de La Damiana I representan estas mismas aves. Las obsidianas halladas en estos sitios, por su parte, proceden de fuentes ubicadas a una distancia de entre 70 y 250 kilómetros.

Los equipos de investigación que estudian las primeras comunidades del Noroeste orientadas a actividades de pastoreo de camélidos coinciden en señalar que estas comunidades han tenido, sin duda, aldeas, pero en ellas la movilidad impulsada por la estacionalidad de las pasturas ha sido un elemento muy importante. Al parecer ya no es posible pensar en aldeas autosuficientes y aisladas unas de otras, sino que las evidencias arqueológicas muestran una red compleja de sitios con distintas funciones, de ambientes con distintos recursos y de interacciones entre sociedades ubicadas, incluso, a distancias considerables.

Para saber más. María Eugenia De Feo, “Una puesta al día sobre el formativo de la quebrada del Toro (Salta, Argentina), en Crónicas materiales precolombinas, páginas 277 a 311.

Créditos

Mapa y plano: María Eugenia De Feo, “Una puesta al día sobre el formativo de la quebrada del Toro (Salta, Argentina), en Crónicas materiales precolombinas, páginas 280 y 284.

Fotografías: María Eugenia De Feo, “Una puesta al día sobre el formativo de la quebrada del Toro (Salta, Argentina), en Crónicas materiales precolombinas, páginas 285, 287, 292, 295 y 297 y gentileza de la autora.

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