Fragmentos de memoria en el valle de Yocavil

Revisión académica: Romina C. Spano, M. Solange Grimoldi, Valeria Palamarczuk y Alina Álvarez Larrain

El valle de Yocavil, recorrido por el río Santa María, se extiende por tres provincias: Catamarca, Tucumán y Salta. Toda la zona está habitada desde tiempos lejanos y tiene importantes sitios arqueológicos. En el sur del valle, cerca del pueblo de Andalhuala, está el sitio Soria 2, que desde hace unos quince años está siendo estudiado por un equipo de arqueología.

Después de excavar el sitio guiándose por los restos visibles de los muros, el equipo pudo descubrir dos recintos de forma más o menos cuadrada, a los que llamaron R1 y R2.

Vista de los recintos R1 y R2.

La presencia de un fogón, un pozo de basura, fragmentos de vasijas y artefactos de piedra dieron la pista de que se trataba de los restos de una casa, y que quizá R1 haya sido un patio. Se estudiaron los restos de carbón que habían quedado en el fogón y se estimó que esa casa había estado habitada hace unos 2000 años.

Pero eso no era todo: había también en el sitio tres entierros de niños, dos de ellos en vasijas de cerámica. ¿Estas muertes ocurrieron hacia la misma época? ¿En distintos momentos, muy alejados entre sí? ¿Los pequeños murieron en el poblado? ¿En la casa? ¿O sus restos fueron traídos desde otro lugar? En la época en la que ocurrieron los entierros, ¿la casa estaba habitada? Si no fue así, ¿por qué se eligió este lugar para enterrarlos?

En el valle de Yocavil enterrar a los niños en vasijas fue una práctica común hasta los primeros tiempos de la época colonial.  ¿Qué edad tenían los niños hallados en Soria 2? ¿De qué murieron? ¿Pertenecían a la misma familia? ¿Permitiría el estudio de los entierros responder estas preguntas?

Este plano muestra los dos recintos y la ubicación del fogón, el pozo de basura y los tres entierros.

El estudio de los entierros

El análisis de los esqueletos permite estimar la edad en la que una persona murió. Cuando se trata de niños, se estudian especialmente las piezas dentales y se mide la longitud de los huesos largos. Así se pudo saber que los restos encontrados en el sitio corresponden a niños pequeños y que tres de ellos pudieron incluso haber muerto alrededor del momento del nacimiento. Y si bien los entierros fueron tres, los niños enterrados fueron cuatro, ya que en el entierro 1 se hallaron los restos de dos niños.

También se estudiaron los huesos en busca de indicios de algún trauma, como golpes o fracturas, o de procesos infecciosos; a pesar de que se pudieron observar algunas lesiones en dos de los pequeños, en ningún caso se pudo conocer la causa de la muerte.

El análisis de los huesos permitió saber que los niños murieron hace aproximadamente 1760 años, quizá un poco antes, quizá un poco después; es decir, luego de que la casa fue abandonada. Pero no mucho tiempo después, ya que los entierros se realizaron antes de que en la casa se acumulara relleno encima de los pisos.

Las vasijas 

Las vasijas en las que fueron enterrados los niños tenían las mismas características que las otras que se encontraron en el sitio, y que se habían usado en la vida cotidiana de la casa. Se les había dado un uso diferente, sin duda, pero la funcionalidad era la misma: ser un envase, un objeto que recibe, contiene y conserva.

Las vasijas eran del mismo tipo que las que se habían usado en la casa y los entierros habían ocurrido unos doscientos años después de que esta fuera abandonara: ¿cómo se explica esto? El equipo planteó que entre esos dos momentos las ollas se siguieron haciendo del mismo modo, y desestimaron otra posible explicación: que en los entierros se usaran vasijas viejas, conservadas expresamente para ese fin.

Las vasijas en que se hallaban los huesos estaban rotas. Pero la del entierro 2 seguramente ya estaba rota en el momento en que se colocó en ella el cuerpo, o se rompió especialmente para ese fin. Y es que su boca es muy pequeña y es imposible que el cuerpo hubiera podido introducirse en la vasija sin romperla. Los hallazgos en otros sitios apoyan esta idea: se han encontrado vasijas rotas que fueron atadas con cuerdas en el momento del entierro.

Entierro 3. Vista superior de la olla, cuando ya estaba avanzada la excavación.

Un entierro secundario

Los restos humanos hallados en el entierro 1 son escasos. Tras estudiarlos, se estimó que se trataba de un entierro secundario, esto significa que, pasado cierto tiempo del entierro original, que se hizo en otro lugar, los huesos fueron recuperados, trasladados y enterrados en el lugar definitivo. Esta práctica era habitual en el área del actual Noroeste argentino.

No se hallaron en el sitio vestigios de contenedores usados para el traslado (tejidos vegetales, cueros, etc.). Quizá no se usaron, o si se usaron, no se depositaron en el área de entierro. También es posible que con el paso del tiempo no se hayan preservado.

Cuerpos y objetos en los entierros

Artefactos de piedra, fragmentos de cerámica, láminas de mica, rollos de masa de arcilla sin cocer, fragmentos de huesos de animales, la placa de un armadillo, una semilla de chañar quemada, una cuenta de collar, dientes de camélidos, restos de carbón: los muertos estaban acompañados por una buena cantidad de elementos que formaban parte del mundo cotidiano de los que seguían vivos. ¿Se utilizaron algunos de estos elementos en un ritual funerario? Las placas de mica, por ejemplo, que sirvieron como espejos, ¿tenían algún significado especial? Estas preguntas no pueden contestarse con certeza, pero lo cierto es que el hecho de que los cuerpos estuviesen acompañados puede entenderse como un indicio de que, a pesar de su muerte tan temprana, a estos niños se los valoraba socialmente.

Los entierros y la casa: las preguntas que aún no tienen respuesta

El estudio del sitio Soria 2 ha permitido establecer una secuencia: la casa estuvo habitada, en algún momento fue abandonada, y cerca de doscientos años después se hicieron en ella varios entierros. Enterrar a un miembro del grupo en el ámbito doméstico −en un patio, en un recinto o en sus inmediaciones− fue algo común en las aldeas del Noroeste; lo que aquí es diferente es el tiempo que pasó entre la ocupación de la casa y los entierros.

Los habitantes de la casa y los niños, ¿eran parte de un mismo grupo familiar? La extracción de ADN (material que se encuentra en las células y que permite establecer relaciones de familia entre distintas personas) de los huesos lamentablemente no resultó exitosa, de modo que por ahora esta pregunta queda sin respuesta. No es posible saber tampoco dónde residían las personas que enterraron a sus muertos en esta casa ni por qué la casa fue abandonada. Ese abandono, ¿fue un caso aislado o parte de un movimiento de población más general? Los que la abandonaron, ¿transformaron a esta casa en una casa para sus muertos?

Los entierros 1 y 2 fueron marcados en el terreno con líneas de piedras, lo que puede indicar el interés por mantener, a lo largo del tiempo, un recordatorio de lo que allí había sucedido. ¿Por qué el entierro 3 no estaba marcado? La memoria del entierro, ¿se esfumó, entonces, con quienes participaron en él?

Por ahora no podemos conocer las respuestas a todas estas preguntas, y quizá algunas de ellas nunca podrán ser respondidas. Lo que está claro es que posteriormente los habitantes de la zona ya no reconocieron este espacio como lugar de sus ancestros y que con el paso del tiempo el lazo con el pasado se fue transformando y redefiniendo.

 

Para saber más. Romina Spano, M. Solange Grimoldi, Valeria Palamarczuk y Alina Álvarez Larrain, “Entre muros y vasijas: entierros y memoria en Soria 2, valle de Yocavil, en Crónicas materiales precolombinas, página 485.

Créditos

Fotografías en color. Equipo Yokavil.

Fotografía del entierro 3. Romina Spano, M. Solange Grimoldi, Valeria Palamarczuk y Alina Álvarez Larrain, “Entre muros y vasijas: entierros y memoria en Soria 2, valle de Yocavil, en Crónicas materiales precolombinas, página 499.

 

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